Lorenzo il Magnifico: reseña tras más de 60 partidas
Lorenzo il Magnifico es uno de esos eurogames que mejora cuanto más lo juegas. Tras más de 60 partidas, desde el juego base hasta jugar con todas sus expansiones, sigue siendo uno de nuestros favoritos y mantiene un…
Lorenzo il Magnifico: cuando una hora y media de juego se hace demasiado corta
Antes de empezar esta reseña tenemos que dejar una cosa clara: los juegos de la escuela italiana son, probablemente, los que más nos gustan.
Esa forma de diseñar juegos donde casi todo está conectado, donde una acción aparentemente pequeña puede desencadenar un combo enorme y donde siempre tienes la sensación de que necesitas hacer tres cosas pero solamente puedes hacer una, nos encanta.
Y dentro de ese grupo hay uno que para nosotros ocupa un lugar especial.
Lorenzo il Magnifico.
Llevamos más de 60 partidas y, después de todo ese tiempo, no solo seguimos teniendo ganas de jugarlo, sino que se ha convertido en uno de nuestros 10 juegos favoritos.
Y eso ya dice bastante.
Empezamos con el juego base... y acabamos jugando con todo
Como suele pasar con estos juegos, empezamos jugando únicamente con el básico.
Y lo primero que queremos dejar claro es que Lorenzo il Magnifico no necesita expansiones para ser un gran juego.
El juego base ya tiene muchísimo que ofrecer.
Tenemos colocación de trabajadores, gestión de recursos, cartas, producción, cosecha, orden de turno, fuerza militar, fe, excomuniones y, sobre todo, una cantidad enorme de posibilidades para combinar unas acciones con otras.
Cada ronda comienza con la tirada de los tres dados que determinarán el valor de tres de los miembros de cada familia para todos los jugadores.
Es una mecánica muy sencilla, pero fantástica.
Porque los dados no deciden lo que tú puedes hacer.
Deciden cuánto te va a costar conseguir hacer lo que quieres.
Y esa diferencia es importantísima.
Una tirada mala no significa que tu partida esté perdida. Significa que tendrás que buscar otra forma de llegar hasta donde querías, gastar ayudantes, cambiar el orden de tus acciones o directamente replantearte el turno.
Ahí empieza Lorenzo.
Siempre quieres hacer más cosas de las que puedes
Este es uno de esos juegos en los que miras el tablero al empezar una ronda y piensas:
"Perfecto. Primero hago esto, después aquello, consigo esta carta, activo producción y termino cogiendo esa otra."
Parece perfecto.
Hasta que juega el siguiente.
Y ocupa exactamente el sitio que necesitabas.
Entonces llega una de las frases que más se escucha en nuestras partidas:
"Cabrón, te pusiste justo en lo que yo quería hacer."
Y nos encanta.
Porque Lorenzo tiene interacción.
No estamos hablando de destruirle el tablero a otro jugador ni de eliminarle recursos porque sí.
Aquí el puteo es mucho más elegante.
Necesito ese espacio. Tú también. Solo uno de los dos va a llegar primero.
Necesito esa carta.
Tú también.
Necesito cambiar el orden de turno porque la siguiente ronda quiero jugar antes que tú.
Pero seguramente tú estás pensando exactamente lo mismo.
Y entonces empiezan las miradas.
Eso es precisamente lo que queremos encontrar en un eurogame.
El maravilloso mundo de los combos
Pero si algo hace especialmente bien Lorenzo son los combos.
Hay combos buenos.
Hay combos muy buenos.
Y después están esos supercombos que empiezan con una acción y terminan cinco minutos después mientras el resto de jugadores te mira pensando cuándo demonios vas a terminar tu turno.
Una carta te proporciona recursos.
Esos recursos permiten activar otra cosa.
Aquello te proporciona un privilegio.
Ese privilegio te da justo el recurso que necesitabas.
Ahora puedes activar producción.
La producción pone en funcionamiento media mesa.
Y cuando terminas tienes más recursos, puntos y posibilidades de las que tenías al comenzar.
Es tremendamente satisfactorio.
Pero lo mejor es que no existe un botón que diga "hacer combo".
Tienes que construirlo.
Tienes que ver las cartas que van apareciendo, entender cómo se relacionan con las que ya tienes y decidir si merece la pena cambiar tu estrategia para aprovechar una oportunidad.
Y cuanto más juegas, mejor ves esas conexiones.
La experiencia importa muchísimo
Después de más de 60 partidas tenemos clarísimo que Lorenzo es uno de esos juegos donde la experiencia cuenta.
Mucho.
Un jugador nuevo puede entender las reglas perfectamente y jugar sin problemas.
Otra cosa muy distinta es que pueda ver todo lo que puede llegar a ocurrir.
Cuando empiezas, ves una carta buena.
Cuando llevas bastantes partidas, ves lo que esa carta puede hacer dentro de tres turnos combinada con las otras cuatro que tienes delante.
Y ahí cambia completamente el juego.
También empiezas a conocer qué cartas pueden aparecer, cuánto interesa posicionarte antes que los demás, cuándo merece la pena asumir una excomunión y cuándo una aparente penalización puede ser perfectamente asumible porque tu estrategia va por otro camino.
Incluso el orden en el que haces las cosas empieza a convertirse en parte del puzle.
Y eso hace que las partidas entre jugadores experimentados sean especialmente buenas.
Porque todos sabemos lo que estamos buscando.
Y todos sabemos más o menos lo que están intentando hacer los demás.
Así que el puteillo aumenta.
Quieres esa carta... pero probablemente no será tuya
Las cuatro torres de cartas son el auténtico centro de la partida.
Territorios, edificios, personajes y empresas van formando el motor con el que intentas construir tu estrategia.
El problema es que están ahí delante.
A la vista de todos.
No existe eso de tener tranquilamente tu carta reservada esperando a conseguir los recursos.
Si hay algo realmente bueno...
los demás también lo han visto.
Y muchas veces tienes que decidir si coger una carta antes de tiempo simplemente porque sabes que si no la coges ahora no llegará hasta tu siguiente turno.
O incluso coger algo porque sabes perfectamente que otro jugador lo necesita.
Sí.
Eso también ocurre.
Y bastante.
Las excomuniones: ¿seguro que quiero evitarlas?
Otro elemento que nos gusta mucho es el Vaticano.
Al final de cada era necesitas haber conseguido suficiente fe si quieres evitar la excomunión correspondiente.
Al principio parece evidente.
Hay que evitarla.
Luego aprendes que quizá no.
Porque Lorenzo está lleno de esas decisiones donde no existe una respuesta automática.
¿La penalización afecta realmente a mi estrategia?
¿Cuánto me costará conseguir la fe necesaria?
¿Me compensa gastar acciones y recursos en evitarla?
¿Y si simplemente acepto que me excomulguen y utilizo todo eso para hacer otra cosa?
Otra decisión más.
Y otra oportunidad de que dos jugadores hagan caminos completamente diferentes y ambos sean perfectamente válidos.
Y después llegaron las expansiones
Nosotros empezamos con el base, pero actualmente jugamos full, con todas las expansiones y las cartas adicionales de Kickstarter.
Y si el juego base ya nos parece fantástico, con todo incluido es como realmente nos gusta jugar ahora.
Las expansiones aumentan la variedad, abren nuevas posibilidades y permiten que jugadores que conocen muchísimo el juego sigan encontrándose con situaciones diferentes.
Pero insistimos en algo importante:
no creemos que haya que empezar jugando con todo.
El Lorenzo básico tiene juego de sobra.
Muchísimo.
Cuando ya lo conoces bien y empiezas a querer todavía más posibilidades, entonces tiene todo el sentido añadir contenido.
Nosotros hicimos exactamente ese recorrido y, después de más de 60 partidas, ya no queremos volver atrás.
Un juego que además da gusto sacar a mesa
Hay otro detalle que puede parecer secundario, pero después de tantas partidas nosotros lo valoramos muchísimo.
Tenemos el juego organizado con el inserto de madera de BuyMeeples y esto hace que prepararlo, jugar y recoger sea muchísimo más cómodo.
En un juego con tantos recursos, cartas y componentes, tenerlo todo perfectamente organizado hace que salga mucho más fácilmente a mesa.
Abres.
Colocas.
Y a jugar.
Cuando llevas decenas de partidas, estas cosas importan mucho más de lo que parece.
Una hora y media que parece media hora
Y llegamos probablemente a lo que más valoramos de Lorenzo il Magnifico.
Una partida puede durar alrededor de hora y media.
Pero no la sentimos.
Estás constantemente pendiente de tus cartas, de tus recursos, de qué quieres hacer en el siguiente turno, de qué está intentando hacer el jugador de al lado y de si ese desgraciado va a ponerse exactamente donde necesitas antes de que te toque.
Cuando llega la última ronda muchas veces nuestra sensación es:
¿Ya?
Y para nosotros eso es una de las mejores cosas que se pueden decir de un juego de mesa.
No queremos juegos que simplemente tengan buenas mecánicas.
Queremos juegos que generen una buena partida.
Lo mejor no es ganar
Después de más de 60 partidas hemos ganado muchas.
Y hemos perdido muchas más.
Pero hay algo que Lorenzo consigue especialmente bien.
Puedes terminar perdiendo y levantarte de la mesa pensando:
"He hecho todo lo que he podido y me lo he pasado pipa."
Eso vale muchísimo más para nosotros que cualquier mecanismo especialmente innovador o que una lista interminable de componentes.
Porque al final jugamos a juegos de mesa por esto.
Por lo que ocurre alrededor de la mesa.
Por el combo que parecía imposible.
Por el jugador que te quita la carta que necesitabas.
Por el "cabrón" que sale automáticamente cuando alguien ocupa tu espacio.
Por intentar remontar una partida que parecía perdida.
Y por terminar hablando de ella cuando ya hemos guardado todo en la caja.
Ahí es donde Lorenzo il Magnifico nos parece magnífico de verdad.
Conclusión
Después de más de 60 partidas, Lorenzo il Magnifico sigue estando en nuestro Top 10.
No está ahí por nostalgia ni porque fuese uno de nuestros primeros euros.
Está ahí porque sigue funcionando.
Porque sus mecánicas encajan perfectamente unas con otras, porque permite construir combos espectaculares y porque la interacción entre jugadores aparece constantemente sin necesidad de recurrir a ataques artificiales.
El juego base ya es excelente y tiene recorrido de sobra. Con las expansiones y todo el contenido adicional, para nosotros alcanza su mejor versión.
Pero, sobre todo, Lorenzo consigue algo que cada vez valoramos más:
que una partida de hora y media se nos haga demasiado corta.
Cuando un juego consigue que acabemos una partida, ganemos o perdamos, pensando en lo bien que nos lo hemos pasado y con ganas de volver a jugarlo, poco más podemos pedir.
Nuestra puntuación: 9/10
Uno de nuestros grandes eurogames. Colocación de trabajadores, interacción, puteo, decisiones difíciles, combos y supercombos dentro de un sistema que recompensa muchísimo la experiencia. Más de 60 partidas después, seguimos disfrutándolo como el primer día y continúa teniendo un sitio totalmente merecido entre nuestros diez juegos favoritos.
















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